En un escenario social de pandemia mundial, la educación enfrenta un cambio cultural sin precedentes. Garantizar la continuidad pedagógica en entornos virtuales invita a pensar la enseñanza y el aprendizaje desde una nueva óptica, evitando caer en la simple idea de llevar la programación ó planificación de enseñanza presencial a la modalidad virtual.

La cuarentena nos enfrenta a un cambio más profundo que rompe con los modelos educativos preestablecidos. Es el momento de interpelar la estructura escolar tradicional y repensar la organización del tiempo, las prácticas pedagógicas y los espacios de producción de conocimiento, este es el verdadero desafío de todo el ecosistema educativo: directivos, docentes, alumnos y familias. 

Educar en tiempos de cuarentena 

El aislamiento social preventivo y obligatorio por el que estamos transitando, nos exige encontrar modos alternativos, pero también innovadores y creativos, para garantizar la continuidad del ciclo lectivo a los casi 11,5 millones de alumnos de todo el país, desde el nivel inicial hasta el último año de la secundaria y nivel superior adulto no universitario (Fuente: Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología)

Desde el año 2017, quienes hacemos Eutopía, un modelo educativo transformador e innovador que durante el año 2020 involucra a 32 escuelas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires-, nos propusimos imaginar una escuela distinta, diseñamos prototipos para cambiar los tiempos y espacios, redefinir los vínculos, y diseñar nuevas prácticas de enseñanza y formas de evaluación. El contexto de cuarentena por el que estamos transitando nos desafía nuevamente a repensar estas dimensiones y el rol de cada uno de los actores del ecosistema.

Las tecnologías digitales, por sí solas no alcanza, la innovación y transformación debe ser mucho más profunda. El coronavirus nos lleva a redescubrir sobre la marcha nuevas formas de educar, para lo cual hay que cambiar ciertos aspectos ¿Cuáles?

-Nuevos tiempos de aprendizaje: No es la idea que los alumnos aprendan sobre muchas disciplinas y reproduzcan el horario de materias escolares en un aula virtual. El desafío didáctico es poner a disposición de ellos preguntas que sean transversales a cualquier segmentación del conocimiento y les permitan comprender problemas sociales relevantes, invitándolos a navegar en la realidad física y virtual en la que están inmersos, en forma simultánea. Las tecnologías digitales han cambiado la sustancia misma de nuestra concepción de la realidad y la manera de relacionarnos con ella, y lo han hecho con una lógica de hacerlo todo más fácil y agradable. Esto nos ha permitido entender el mundo en forma de redes que amplían nuestra experiencia. La escuela debe capturar esta vivencia del estudiante, para transformar sus prácticas de enseñanza en la concepción del tiempo, al servicio de un aprendizaje profundo.

-Nuevas decisiones curriculares: Las dimensiones de tiempo y currículum se encuentran muy entrelazadas. No se trata de buscar los modos de “cumplir” con el programa de contenidos prescriptos en forma virtual. La pregunta es ¿qué vale la pena enseñar? ¿qué experiencias educativas queremos crear para los estudiantes? A partir de allí, surge el sentido de interpelar la realidad y provocar en los estudiantes interrogantes que les permita la comprensión de problemas globales relevantes, como puede ser esta crisis sanitaria que el mundo está viviendo. La enseñanza y aprendizaje basado en proyectos y problemas se presenta como una estrategia educativa poderosa en tiempos de pandemia. 

-Nuevos espacios de aprendizaje: Partiendo de la base de que todo espacio se convierte en un entorno de aprendizaje, no sólo el aula, hoy, el canal de comunicación es virtual. Esto nos posibilita pensar otras modalidades de interacción, acceso a recursos de trabajo en línea, construidos en diversos lenguajes y relatos audiovisuales, pero principalmente, nuevas propuestas pedagógicas que los desafíen cognitivamente a los estudiantes, motoricen su deseo de aprender y les permita desarrollar el pensamiento crítico, la creatividad y la consciencia ciudadana, entre otras habilidades necesarias en el siglo XXI. 

-Nuevas formas de evaluación: Es fundamental pensar también nuevas formas de reconocer los aprendizajes y saberes de los estudiantes, desde la perspectiva de la evaluación. La pandemia nos interpela en nuestro rol de educadores, rápidamente nos enfrenta ante la realidad que no todos los jóvenes deben ser evaluados del mismo modo, es necesaria una evaluación auténtica que otorga mayor participación de los estudiantes en su proceso de aprendizaje, favoreciendo su autonomía y meta cognición. Se apunta a la evaluación de aprendizajes contextualizados, no interesa tanto la acumulación de conocimientos repetitivos sino a valorar aquello que el estudiante saber hacer, crear, construir o argumentar a partir de esos conocimientos y permite diferenciar la evaluación de la calificación, rompiendo ese vínculo de asociación que todavía perdura en las prácticas de enseñanza tradicionales.

-Estudiantes digitales y el derecho a una escuela inclusiva: La escuela tiene la oportunidad de recrear las prácticas pedagógicas en la virtualidad, pero no sólo para dar respuesta educativa en tiempos de pandemia, sino para comprender por qué deben ser transformadas. Para ello es necesario visualizar quienes son nuestros estudiantes hoy, reconocerlos como sujetos de aprendizaje inmersos en una cultura digital, que producen conocimiento en nuevos formatos de expresión, alejados de un aprendizaje reproductivo y tradicional. Es importante identificar la diversidad social y cultural de nuestros estudiantes porque nos permite pensar una enseñanza heterogénea que garantice una educación inclusiva.

-Aprender y enseñar en red: En estas semanas de cuarentena comienzan a visualizarse prácticas de enseñanza donde sucede la experimentación, la creación y el aprendizaje colaborativo. Los dispositivos de intercambio entre docentes, posibilitan el diseño de prácticas pedagógicas que transforman los modos de ser escuela, en un contexto inédito. Comunidades como la Red de Escuelas de Eutopía, se sostienen y nutren de marcos teóricos y prácticos, construidos colectivamente en red; y comparten sus aprendizajes con un universo educativo más amplio, como el de “Seguir educando”, la iniciativa conjunta de la Televisión Pública y el Ministerio de Educación de la Nación. El aprendizaje colectivo entre escuelas, acelera los procesos de transformación y permite identificar con precisión los rasgos de la innovación educativa en el sistema.

El coronavirus está acelerando la necesidad de un cambio cultural en el sistema educativo argentino. La sociedad está en plena transformación, cuando la pandemia pase, las sociedades no serán las mismas, y la escuela tal como la conocimos tampoco. El desafío es transitar esta crisis, reconociendo las claves de la innovación educativa, para el surgimiento de una escuela creadora de futuro.

Por Luciana Alonso, directora de la Alianza que impulsa el modelo Eutopía, un programa educativo innovador llevado a cabo por la Vicaría de Educación junto a la Organización de Estados Iberoamericanos, con el apoyo de Fundación Telefónica Movistar y ”La Caixa” Foundation, a través del proyecto ProFuturo

Video: EXPERIENCIA EUTOPÍA: un recorrido por los 3 años del proyecto de transformación en escuelas